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Mostrando entradas de noviembre, 2025

Memoria 3

 En aquella infancia de frío y barro lo festivo era jugar en la calle y disfrutar la vida que nos tocaba. Saber que había otros mundos posibles fue achicando el propio. Así los sueños alcanzados se hicieron pequeños. Ahora, en la distancia del tiempo vivido los agrando. Empanadicos que hacía mamá conmigo a su lado, jugando con los recortes de la masa. En una paellera de barro ponía la harina, hacía un hueco en medio para añadirle los elementos. Agua caliente, levadura adquirida en la panadería, aceite. De sal y azúcar no tengo mucha precisión en mis recuerdos. Lo mezclaba y amasaba. Estirando masa sobre la mesa enharinada. De relleno ponía calabaza cortada fina, como las patatas que aprendí a costar para su tortilla, piñones y uvas pasas. Azúcar y aceite de oliva. Cuando los tenía sobre un papel que sacaba de los sacos de harina de la pastura de las vacas, con el horno caliente iba colocando uno a uno. En esa cocción entraban mis aportes hechos con los recortes de la masa. Ese dulc...

Memoria 2

 Los restos perdidos. La madre de papá. Nunca se supo si sus restos tuvieron sepultura o fue a una fosa común. En el cementerio deben estar. El primero de los hijos de mis padres. El primogénito. Mi hermano. También estará en ese mismo campo santo. En Fañanás.  Y se vivía mejor, dicen. El segundo hijo de mis padres, ya en Huesca, también se perdió. La primera mujer del padre de mamá tuvo sepultura. Él también. Mi abuela, su segunda mujer en nicho distinto. Decía que no se la enterrara con él, por respeto a la primera. En Tardienta. Sus nichos para mientras ese cementerio resista. Mi madre y mi padre no tienen sus nichos para siempre. No podré intervenir porque la vida no me dará.  Los cementerios acaban siendo lugares de olvido. El recuerdo en la memoria. Memoria que con el tiempo se perderá.

Memoria 1

  Vivían sin electricidad ni agua en las casas. Así entraron en el que durante dieciséis años sería mi hogar. Papá y mamá hicieron por cambiar. Con su esfuerzo y juventud lo consiguieron. Primero hicieron lo necesario para que la electricidad llegara.  En la parte de casa que ocupaban había un pozo, que con un motor acabó siendo ese agua necesaria. Mamá contaba que iba por la noche a la fuente a lavar los pañales de mi hermano. Supongo que antes habían pasado por el agua de la acequia. Que todo lo secaba en la cocina. Tengo en mi recuerdo una cocina de leña, pero había un sistema anterior. Era un hornillo de carbón en la misma estructura rematada con unas baldosas rojas no mate. Serían especiales para soportar ese calor. En invierno en la cama permanecía allí donde entraba, evitando moverme, aunque tenía la bolsa de agua caliente. Antes de ese recurso, mamá ponía una botella envuelta en tela gruesa, que podía ser de algún jersey, camisa de franela u otra prenda imposible de re...