Memoria 1

 


Vivían sin electricidad ni agua en las casas. Así entraron en el que durante dieciséis años sería mi hogar.

Papá y mamá hicieron por cambiar. Con su esfuerzo y juventud lo consiguieron.

Primero hicieron lo necesario para que la electricidad llegara. 

En la parte de casa que ocupaban había un pozo, que con un motor acabó siendo ese agua necesaria.

Mamá contaba que iba por la noche a la fuente a lavar los pañales de mi hermano. Supongo que antes habían pasado por el agua de la acequia. Que todo lo secaba en la cocina.

Tengo en mi recuerdo una cocina de leña, pero había un sistema anterior. Era un hornillo de carbón en la misma estructura rematada con unas baldosas rojas no mate. Serían especiales para soportar ese calor.

En invierno en la cama permanecía allí donde entraba, evitando moverme, aunque tenía la bolsa de agua caliente. Antes de ese recurso, mamá ponía una botella envuelta en tela gruesa, que podía ser de algún jersey, camisa de franela u otra prenda imposible de recuperar. 

En esa época a todo se le daba otros usos.

Era más mayorcita, cuando nos hicieron acolchados, edredones de lana. Lana de las ovejas de la casa de mis abuelos de Tardienta.

De pequeña dormía con mi hermano, pero acabaron haciendo dos habitaciones de una. A mí me dejaron con la misma cama, una cómoda y la mesilla.

Quedó la cama pegada a la nueva pared. Del otro lado la que daba a la escalera. En frente del dormitorio de mis padres. 

Cuando compraron la casa de al lado, ampliaron la vivienda, con una cocina y un comedor, y arreglaron las fachadas poniendo balcón en la habitación de mis padres, y uno de antepecho en el comedor. La nueva cocina con una ventana cuadrada en la que se colocaban alimentos como si fuera un armario con mosquitera. Los muros daban para eso.

Se hubiera hecho un buen aseo en la antigua cocina, pero nunca se hizo. Había planes urbanísticos que amenazaban nuestro barrio.

Creo situar esa época en mis once o doce años.

Del agua del pozo se llenaban dos depósitos de los que nos beneficiábamos en la vivienda. 

El aseo era por partes, en la cocina. No disponíamos de ducha o bañera. Nuestro aseo era la mínima expresión. Situado en el lateral izquierdo de la galería de la primera cocina.

Un lavabo pequeño y sanitario.

Había un agujero grande que tapábamos en el momento de hacer uso. Era para mejorar la ventilación de la segunda cuadra.

Muchas veces, sabiendo que no había nadie por allí, lo mantuve medio cerrado para ver las vacas, que ni se inmutaban.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Memoria 3

Memoria 2